Altos del Golan, Israel. (SPI / Edgar Ávila Pérez).- En los Altos del Golan, una tierra en disputa entre Israel y los países árabes, la realidad bélica se muestra con toda su crudeza, pero también el surrealismo de una nación israelí que impulsa una especie de "turismo bélico"

En la inestable frontera entre Israel y Siria, naciones que no tienen relaciones diplomáticas,  se divisan dos pequeñas ciudades sirias (Vieja Qunetra y Nueva Qunetra) casi completamente derruidas por la guerra que enfrenta ese país y que ha dejado  un saldo -en los últimos cinco años- de más de medio millón de muertos y un millón y medio de heridos en todo el país.

Del lado Israelí se sitúan dos montañas en paralelo: Monte Avital y Vental, en una de ellas los efectivos militares tienen una coraza y observan día tras día las confrontaciones de varias facciones (entre ellas el Ejército del régimen de Bashar Háfez al-Ásad), pero también abren las puertas a los heridos provenientes de Siria.

En el otro monte, hay un centro turístico sobre una base militar de la guerra de 1973, ampliamente concurrida por civiles vestidos con shorts, playeras, gorras y lentes para el sol que por cinco séquel (25 pesos mexicanos) pueden ver, a través de un binocular, la destrucción en Siria.

"Este tipo de cosas es nuestra fuerza", dice un alto mando militar Israeli de la División del Norte que se sitúa en Monte Avital. "No vamos a parar nuestra vida, este es nuestro poder de mantener la fuerza", insiste en tono enérgico mientras divisa la frontera.

Y lo hace desde el Golán, una meseta ubicada en la frontera entre Israel, Líbano, Jordania y Siria que los judíos conquistaron durante la guerra de los Seis Días (1967) y la guerra de Yom Kipur (1973) para llamarlo "territorio en disputa", aunque la Organización de las Naciones Unidas, considera que se trata de un "territorio ocupado".

 

Los binoculares del espectáculo


Dos militares de las fuerzas de paz de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) observan, desde su puesto de control, la frontera Israel-Siria, países enemigos por la diputa de estas tierras del Golan. A simple vista las diferencias son notables.

En la parte baja de las montañas Avital y Vental, del lado de Israel, tractores, campos de cultivo verdes, carreteras y bonanza; en la parte de Siria, iglesias, casas, edificios derruidos y pocos indicios de vida.

En Israel, helicópteros, camiones, autos, drones y decenas de militares israelíes manteniendo el control del Golan; en Siria, por las noches, misiles y obuses se disparan por los integrantes de al menos cuatro facciones que pelean el control de esa nación: se trata del Ejército de Siria, los rebeldes, Estado Islámico y Al-Nusra.

Es por eso que Israel considera esta  frontera como "zona peligrosa", no solo porque ambos países no tienen relaciones diplomáticas, sino porque buscan impedir la incursión de militantes extremistas del Estado Islámico y Al-Nusra, entre otros.

"La mayoría de la fuerza que tenemos aquí está dedicada para ayudar", dice el Jefe Militar de la División del Norte de Israel, quien afirma que en la frontera dan acceso a los heridos del conflicto de su país vecino, aunque también lo hacen para contener cualquier intromisión de posibles yihadistas.

En Monte Avital se ubica su base, donde hay mujeres soldadas "observadoras" con tecnología para detectar si pretenden ingresar a su territorios algún herido o un miliciano.

Aunque la región es considerada por el Ejército como una "zona peligrosa",  en la montaña paralela llamada Vental no sólo hay una base militar (sin uso castrence) de la guerra de Yom Kipur (1973), sino un centro turístico, con restaurante, baños, estacionamientos y un binocular que por cinco séquel (25 pesos mexicanos) se ven derruidos los pueblos Nueva Qunetra y Vieja Qunetra.



La "ayuda" medica


Es en esta frontera del norte de Israel, donde el gobierno ha permitido el ingreso de cerca de mil sirios del 2013 a 2017, la mayoría de ellos con heridas graves por esquirlas e impactos de bala, los cuales son trasladados al municipio turístico de Sefat, ubicado a 30 kilómetros.

En Sefat se encuentra el The Ziv Medical Center, un hospital universitario con 350 camas, mil 300 empleados y dos salas de cirugías protegidas contra misiles que se encarga de curar a los sirios.

"Para ellos es venir a Israel es difícil porque les enseñaron que éramos el diablo", dice el doctor Alejandro Roisentul, especialista en reconstrucción facial que atiende a niños, mujeres y hombres jóvenes y adultos.

Muchos de los heridos llegan a la frontera en autos, pero también en mulas y tras una revisión de los soldados israelíes se les traslada a este nosocomio de la ciudad con 250 mil habitantes, que se sienta a un costado del Mar de Galilea, donde -según las escrituras- el Mesías Jesús caminó sobre el agua.

De los mil heridos y pacientes, el 90 por ciento son hombres y el 10 mujeres; y del total 17 por ciento niños con impactos de bala en ojos, piernas, brazos e incluso con amputaciones de extremidades por bombas.

"Hay gente que nos necesita y no podemos decir que no a pesar que vienen de gobiernos que son nuestros enemigos, los atendemos con amor y ternura", afirma el médico juicio de origen argentino.

Dos de los heridos se encuentran en una de las salas del hospital, sólo son identificados como anónimo 1 y anónimo 2, uno es un joven universitario de derecho que recibió impacto de bala en el fémur; el otro un hombre de 36 años vendedor de frutas que salió herido tras el estallamiento de un coche bomba.